lunes, 19 de mayo de 2014

La comida en niños de 1 año

Dar de comer a un niño de esta edad puede ser la cosa más fácil o… la mayor de las pesadillas. ¿Es posible alimentar correctamente a un niño a partir del año de edad sin morir en el intento? La respuesta es sí.
Lo primero que hay que hacer es preguntarse: ¿pero, realmente mi niño come mal? A veces nos obsesionamos y, para nuestra sorpresa, el pediatra nos informa de que nuestro hijo (que no prueba las acelgas, ni nada que sea amarillo, ni mandarinas, ni…) está perfectamente alimentado y nutrido.
La idea no es obligarle a comer algo que odia, sino elaborar menús equilibrados y nutritivos con alimentos que le gusten.
¿Cómo pasar a la cuchara… sin traumas?
  • A esta edad ya pueden tomar sus platos con cuchara sin necesidad de que pasemos por el triturador toda su comida. La mala noticia es que si antes les costaba terminar unas lentejas, por ejemplo, 15 minutos, ahora invertirán por lo menos 45. Este proceso por el que pasan todos los niños es importantísimo y no puede suponer un agobio ni para ellos ni para nosotros.
  • Hay que ser pacientes, cuidar que no se atraganten, y superar la tentación de volver a los purés que tan rápido comían.
  • Si nuestro hijo se niega comer algo que no esté triturado, démosle una tregua. Ya aprenderá. Siempre podemos ofrecerle la mitad del plato triturado y la otra mitad troceadita. Aplastar una parte con el tenedor o cortarla en trozos minúsculos les ayuda a superar esta fase.
¿Cómo introducir los nuevos alimentos?


  • No debemos esperar que le guste cada nuevo alimento. Si hace ascos a la leche caliente, por ejemplo, podemos darle yogures o un quesito suave. Y si odia las espinacas, siempre podremos intentarlo con las judías verdes o cualquier otra verdura que tenga las mismas características nutritivas.
  • Un truco que suele hacer milagros es "enmascarar" algunos alimentos a la hora de cocinarlos: en tortilla, con bechamel, haciendo rellenos
  • Como nosotros, se sienten más atraídos por un plato "bonito" que por otro de mal aspecto, así que no presentemos su comida de cualquier forma ni llenemos hasta arriba su plato.
  • A veces, ver comer a mamá o papá lo mismo hace que quieran imitarnos.
  • Sus gustos son variables, así que eso que escupió hace un mes, quizá lo pruebe de nuevo y esta vez se chupe los dedos.
¿Qué debe comer un niño de un año?
Lo que coma su familia, salvo contraindicación delpediatra.Una dieta equilibrada incluirá:
  • Leche entera y derivados (quesos suaves, yogures…).
  • Legumbres y patatas. Cereales (en pan, arroz, galletas… les encantan).
  • Carnes, pescados y huevos (¡cuántas proteínas!). Frutas y verduras, (ricas en vitaminas y minerales).
  • Grasas, siempre en poca cantidad (el aceite, mejor de oliva).
¿Hay algún alimento prohibido?

No, pero hay algunos que tenemos que limitar o retrasar un poquito antes de incluirlos en su dieta:
  • Demasiado fiambre, salvo pechuga de pavo o jamón cocido.
  • Marisco, pescados o carnes crudos.
  • Golosinas, bollos, etc.
  • Las bebidas con colorantes y aditivos. Por supuesto, las que contengan cafeína o alcohol. Lo ideal sería que beban sólo agua, leche y zumos naturales de frutas.
  • Los frutos secos (podrían atragantarse).
  • Salsas: la mahonesa, la mostaza, el ketchup…
  • Comidas muy picantes o muy especiadas (dependiendo de las costumbres gastronómicas de la familia se irán introduciendo poco a poco).
  • Comidas muy saladas o azucaradas (aún no necesitan apenas sal ni azúcar en su dieta, y es bueno que aprendan a degustar los sabores propios de cada alimento).
  • Alimentos en conserva. Cuanto más frescos, mejor.
¿Estará más sano si come más?
La cantidad de comida que necesita un niño es más pequeña de lo que pensamos los adultos. De todas formas, si creemos que el nuestro no come lo suficiente, haremos bien consultando al pediatra. Lo que suele suceder es que los padres no preparamos raciones de comida proporcionales a la edad de nuestro hijo, sino a la nuestra. Cuando el pequeño no se termina el plato, pensamos que ha comido poco. Pero no es cierto.
Por suerte, la época en que se medía su salud por el tamaño de sus mofletes pasó. Un niño delgadito no significa que coma poco, significa simplemente que es de constitución delgada. Tampoco sería sano caer en el otro extremo y medir al milímetro lo que come nuestro niño para que no engorde lo más mínimo.Busquemos un equilibrio y démosle ni más ni menos que lo que necesite. Y eso sólo lo sabe él. ¿Pide más comida? Entonces necesita más. ¿No quiere más? No necesita más. Así de sencillo.
¿Debemos prohibirle picar?
¿Es bueno que lo hagamos nosotros? Está claro que los niños nos imitan, así que si estamos todo el día abriendo el frigorífico, ellos querrán hacer lo mismo. Una buena estrategia es darles sólo una vez al día algo de picar entre horas y nada de comer al menos durante la hora previa a las comidas.
¿Puede comer ya en familia?
Claro. La hora de la comida es la hora de la familia, un momento para disfrutar de la compañía y la conversación. El niño debe participar de ese momento como uno más; de esta forma evitan que se convierta en el centro de atención.
¿Es normal que se manche mucho?
Aunque existiera un babero que cubriera todo su cuerpo, no podría garantizarnos que no fuera a manchar su silla, la nuestra o a nosotros mismos. Así que tendremos que armarnos de paciencia y recordar que es inevitable que toque la comida, que ensucie.… Constituye una fase necesaria de su crecimiento, le ayuda a ganar en autonomía y, menos mal, es transitoria. Aún así, debemos recordarle en todo momento las normas sociales en la comida: estar sentado, comer con la cuchara o el tenedor…
¿Le dejamos marear su comida?
¿Por qué lo hace? ¿Porque no tiene hambre o porque, simplemente, comer le entretiene mucho y le lleva su tiempo? Si es lo primero, lo mejor es retirarle el plato. Si, por el contrario, es lento comiendo, ¿qué tiene de malo? Seguro que es un niño muy tranquilo que mastica estupendamente su comida y tiene buenas digestiones… ¡qué suerte!
¿Y si se niega a comer?
No es lo mismo comer poquito que no querer probar bocado. Si esto ocurre de forma esporádica no debemos alarmarnos, ni insistir en llevarle nada a la boca porque podría ser contraproducente.
  • Si tiene sueño. Es lógico que sólo quiera dormir y que lo dejen tranquilo. Dejemos entonces que coma después de haber descansado.
  • Puede ser que quiera llamar la atención. Los niños perciben los cambios, el humor, los problemas más insignificantes… Lo primero que deberíamos hacer es pensar si ha recibido poca atención porque en casa estamos especialmente intranquilos. Si es así, dedicarle un ratito de juegos antes de comer le "reconciliará" con nosotros y, probablemente, no sentirá la necesidad de reclamar ese cariño a través de la comida.
  • Porque no se encuentra bien. En ese caso seguramente notaremos que llora de forma distinta. Si después de un tiempo sigue igual, lo mejor es acudir al pediatra

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